Eurídice Arratia, Not To Scale, Dorsky Gallery, Nueva York, EE.UU., 2003.

In her Wounded Dresses series, Mari Carmen Carrillo speaks of feminine in relationship to the realm of the domestic, specifically the activity of sewing. Her sculptures are toy-like dresses that seem inhabited and animated by invisible bodies. They also remind us that toys, before entering real of childhood, belonged to the world of adults and were socially acceptable playthings
especially for grown-up women who integrated toys and dollhouse into their private lives (…). The outcome is fetishistic in its obsessive attention to detail,
and the sculptures reveal a friction between the beauty of the finished miniature garb and visual references to injury. By using acrylic gesso and surgical bandages
in the dresses and embroidering the surfaces, Carrillo invokes a painfully fractured body that still finds solace in ornament. Her wounded dresses, some decorated with feathers and some with intricately woven patterns, reveal at closer look bloody incisions, which turn the dress into a metonymy for female skin.

La piel del ser

Cada una de estas piezas es un exorcismo que intenta traspasar el dolor de la herida y el recuerdo a un fetiche estético. Es la piel del ser que anhela la liberación del existir. En cada uno de estos vestidos heridos, de una u otra manera, encontramos elementos dramáticos combinados con ironías y humor negro. La pluma del plumero, el huevo de oro, la espina, la rosa, el avioncito penetrando el vestido- mapa, conviven con la herida, la sutura, el vendaje y el predominio del blanco que asocia el material al yeso y la gasa quirúrgica, pero también a la inocencia perdida. ¿Estaremos ante armazones para que el espíritu corrija sus malformaciones o ante una traumatología del ser? Interrogante que quedará para la reflexión del otro. La pintura de Carrillo establece un juego de reflejos de identidad y de contra imágenes, que tienen mucho que ver con el espejo como búsqueda de la verdad que domina mitos como los de Teseo y Medusa. De ahí el sentido autobiográfico de los retratos que se convierten en centros simbólicos y visuales de estos cuadros, donde siempre la misma imagen en diversos momentos de su vida se repite en una sucesión genealógica: madre, hija, hermana y la sombra, recurso que transforma la pintura en ritual de reencuentro. La belleza de estas formas trasciende la estética para asumir una dimensión existencial y simbólica.

Eduardo Planchart Licea, Mari Carmen Carrillo, 2002.

Solo Show
Mari Carmen Carrillo
ArtNexus #67 – Arte en Colombia #113
Dec – Feb 2008
Miami, Florida

Institution:
Signature Art Gallery

Entramos a la habitación, un recinto con las paredes y el suelo pintados de blanco. Los vestidos colgados de un gancho se dejan ver a través del cristal. Espinas de rosa nacen de la supuesta tela que no es sino papel mache y yeso del que usan los médicos para entablar nuestros cuerpos cuando hemos sufrido un accidente. Algunas piezas aparecen protegidas en urnas de cristal: zapatos, carteras, caperuzas, cabello trenzado. Otras, como los trajes de novia, están suspendidas en el aire. La obra de Mari Carmen Carrillo muestra el carácter frágil y al mismo tiempo rígido de la voluntad femenina en relación con el mundo exterior. La artista venezolana habla de la violencia, la inclemencia, y la capacidad de resistencia del ser humano mediante la ejecución de complejos diseños hechos con las espinas de rosa.

Armadillo se divide en varias estaciones. En los Escaparates hay rollitos de papel almacenados que simulan ser flores incrustadas, el boceto de un colchón de bodas. Dos trajes que nos remiten al ¿inmaculado¿ juego matrimonial cuelgan de una rama punzante. Lienzos ¿sábanas en miniatura¿ cuidadosamente doblados se ven en el armario aledaño, parecen pergaminos. Una pluma atraviesa la tela. ¿Qué firma tortuosa se esconde tras el paño blanco? Las vidrieras tienen motivos decorativos (espinosos) al fondo. ¿Puede la víctima del maleficio transitar por esta amalgama de caminos laberínticos? Las carteras con huevos y plumas nos recuerdan ciertos impulsos domésticos asociados con la brujería. Un pedazo arrancado de una foto se halla perdido en una de las urnas. La imagen documenta un simple instante en medio del acto sagrado de unión conyugal (¿bodas de sangre?). ¿Podría hablarse con certeza de un posible sortilegio, amarre entre dos almas malditas que concurren en una sesión de hechicería?

Según dicen los expertos, la magia o medicina con espinas suele ser muy poderosa. En la hechicería tebana, por ejemplo, el ritual de coronar con espinas puede desfigurar a la víctima. Un árbol espinoso ¿que planta el hechicero¿ puede atraer a los mortales que desarrollan sensaciones de fe y esperanza. Mari Carmen Carrillo, sin embargo, trabaja su ritual de otra manera. La espina compone la capa protectora, el escudo con el cual puede la artista defenderse del peligro o la influencia ajena. Al mismo tiempo, la espina tiene una connotación alegórica en su obra. Nos refiere a la mala hierba que crece en cualquier terreno sin que se le cultive, tierra baldía ¿de la que habla T. S. Eliot en su poema¿, o el profundo marchitamiento (sequía, aridez) de Yerma, la mujer sin hijos, de Federico García Lorca. Frida Kahlo se retrataba a sí misma con collar de espinas, para representar el dolor de su cuerpo mutilado, paralizado. Su espalda (su columna vertebral) aparece a menudo fracturada, cubierta de clavos o flechas que le impiden moverse, respirar. En cambio, Mari Carmen Carrillo utiliza las espinas de rosa como una cobija, un arma de defensa, su refugio. Las espinas pueden crecer hacia fuera o hacia dentro del vestido, rasgando la epidermis, su coraza, la piel del armadillo.

Las caperuzas son colocadas también en las vitrinas, una frente a otra, divididas por una línea invisible. Algunas gotas de sangre manchan el traje escondido bajo la capa. Colmillos y muelas (¿de animales o personas muertas?) se exhiben sin reserva. Puede que se recree aquí alguna leyenda, un relato cáustico de la historia de la humanidad. El espectador puede abrir gavetas y mirarse, horrorizarse a sí mismo en un espejo, palpar los incisivos huesos molares que se ofrecen a su vista, o acariciar la caperuza de color rojo sangre. Quizá podríamos descubrir poco a poco la esencia misma de nuestra propia naturaleza si nos miramos detenidamente en el espejo: acaso dejamos de ser seres humanos para convertirnos en lobos hambrientos, con dientes afilados. Entonces no habría por qué ponerse a imaginar, elucubrar dónde se encuentran sepultados los cuerpos perdidos, mordidos, amenazados, provocados. Tal vez entendamos la hechura de la forma ausente, espacio desértico del vestido de espinas, la necesidad de construir una maqueta para expresar oscuros sentimientos, y la razón por la que hemos dejado de existir.

Gasa, alambre, yeso, dentelladas imaginarias se confabulan para enhebrar un cuento de miedo que subyace bajo la representación múltiple, escabrosa, del vestido. La experiencia visual aparece amplificada con el desenlace de la historia: la niña de la roja capa se rebela contra el lobo, le arranca la piel y se cubre con ella. A veces pensamos en la posibilidad de un sanatorio donde el blanco de las paredes se confunde con el traje del enfermo. La insinuación de la sangre nos remite a ciertas situaciones límites, dolorosas, en las que se ve implicada con frecuencia la mujer moderna. La armadura de espinas se vuelve más resistente, inquebrantable con el paso del tiempo, pero la cicatriz queda siempre en la corteza.

Dinorah Pérez-Rementería, Mari Carmen Carrillo. Signatura Gallery. ArtNexus, N0 67 Vol.6. 2007.

Solo Show
Mari Carmen Carrillo
ArtNexus #79 – Arte en Colombia #125
Dec – Feb 2011
Caracas, VenezuelaInstitution:
Galería G7, Centro Cultural Los Galpones, Caracas.
Susana Benko

La Galería G-7, ubicada en el Centro Cultural Los Galpones, expuso la obra reciente de Mari Carmen Carrillo. El título de la muestra, Línea de corte, condensa el trasfondo conceptual que subyace en su obra, siendo la línea una de las protagonistas formales de las obras expuestas.

La exposición, constituida por collages, textiles (costura y bordado), piezas tridimensionales (esculturas y ensamblajes), reafirma las constantes temáticas que esta artista viene tratando desde hace unos cuantos años: lo femenino como condición herida (o hiriente); el cuestionamiento sociopolítico de la mujer antes y después de su emancipación moderna; la dicotomía entre lo puro (la ingenuidad de la infancia) y lo maduro (por llamar de alguna manera a la vida adulta), realidades todas que están escindidas por una línea de corte.

Las diversas lecturas que pueden realizarse de estas piezas dan cuenta de cómo toda condición humana conlleva relaciones opuestas o ambivalentes. La candidez que se percibe es tal vez su condición más terrible, pues, desde esta perspectiva, la artista desnuda realidades que desmontan la trama en la que el ser humano sustenta su frágil existencia.

En el título de la muestra se desprenden varios ejes conceptuales que tienen como referencia la demarcación de un límite. Traspasar linderos, pasar al otro lado, diferenciar los opuestos a través de la línea entrecortada, son algunas de las alusiones generales que pueden percibirse en esta exposición, razón por la cual el trabajo con diversos medios expresivos es natural en el proceso creativo de Carrillo. Tan importante es la labor de corte y costura como la realización de ensamblajes y esculturas. Esta integración, esencial en el arte contemporáneo, es una de las maneras de proceder de la artista. El arte textil, en este sentido, se redimensiona. El bordado funciona como dibujo, como demarcación: como línea de corte. Pasa a ser un medio expresivo integrado a otros que la artista también trabaja. De este modo, Carrillo traspasa los límites de los medios con el uso de diversas técnicas y procedimientos.

Pero si lo formal tiene gran importancia, igual la tienen las reacciones que sus obras suscitan. La elaboración detallada de vestidos, cajas y collages, por ejemplo, tiene un sentido extremadamente profundo. Con ello, la artista no sólo muestra la condición de la mujer hacendosa con una vida aparentemente candorosa o la niña inocente que viste muñecas. Esta sumisión se revierte cuando la costura se convierte en cicatriz, cuando de la pureza blanca de los materiales aparece una línea roja que demarca, nuevamente, un estado de otro. Allí es cuando lo espinoso surge de lo suave y hermoso, ese lado hiriente de la rosa. La identidad entonces se resquebraja. Aparecen los recuerdos gratos de la infancia con sus juegos de desnudos para armar, pero con connotaciones que limitan con lo trágico. El argumento del cuento de la Caperucita Roja se revierte y la ingenuidad se vuelca contra sí misma (las espinas dentro de la capucha), en medio de esa aparente blanca neutralidad. Los vestidos, hechos con gasa quirúrgica y yeso, visten a una corporeidad hueca, imagen de una ausencia. Sirven también de soporte para una escritura secreta como página desgarrada de un diario íntimo. La procesión va por dentro, y aquella condición de sumisión y silencio, muy propia de la época de nuestras madres y abuelas, lanza un grito ante las espinas punzantes que hieren debajo del ropaje.

Cuando se establecen límites, decíamos, se visualizan dos situaciones opuestas. En esta relación de contrarios el candor y la ingenuidad se confrontan con la acidez y la corrosión, a veces expresadas con humor inteligente. Lo hiriente, en este caso, se vuelve sarcasmo. Lo cándido es a la vez violento y lo bello encarna asimismo lo terrible. La realidad duele y para muchos enceguece. Tan es así que hilos de cabello ¿imagen que recuerda a Rapunzel encerrada en la torre¿ tapan los ojos de las damiselas en los collages, última serie realizada por la artista. En estas piezas la ceguera es la constante. Una forma de no ver una realidad hiriente: tal vez esta condición sumisa y ensimismada de la mujer. Pero asimismo, el incorporar cabello femenino como elemento expresivo le da una veracidad incuestionable a la obra. La realidad, entonces, se hace partícipe de ella.

Pero esta realidad no sólo encarna hechos incuestionables. También las imágenes simbólicas utilizadas: el traje de la Caperucita, prototipo de un candor ausente; la rosa roja y su condición ambivalente entre lo amoroso y lo hiriente; el juego inocente, Desnudos para armar, y a la vez agresivo, cuando la tijera corta el papel o la tela radicalizando aún más las líneas de corte. Todos estos elementos conforman un imaginario denso y evocador. Se narran historias y a la vez se condensan contenidos a través de la imagen y su habla simbólica. Todo ello recuerda a Rainer María Rilke cuando señalaba en las Elegías del Duino que Todo ángel es terrible.

Susana Benko, ArtNexus #79 – Arte en Colombia #125, Dic – Feb 2011.

CONSUMADO

Texto del Catalogo de la exposición «Armadillo».

Por Euridice Arratia.

En la delicada instalación “ARMA-rio” de Mary Carmen Carrillo, tres bellos vestidos cuelgan de percheros como animados por cuerpos invisibles. Construidos con gesso y acrílico pintados de blanco, bordados esmeradamente por dentro a por fuera con espinas de rosas. Para completar el ajuar, la artista ha diseñado diminutos zapatos y carteras hiper-femeninos. La sensación es la de una boutique o el exquisito boudoir de una casa de muñecas. Pero lejos de juegos de niña “ARMA-rio” revela un mundo psicológicamente complicado en el cual se entretejen la belleza y la violencia, lo doméstico y lo surrealista, lo familiar y lo extraño. También nos recuerda que antes de pasar al reino de los niños, los juguetes pertenecían al mundo de los adultos. Por ejemplo, en la era victoriana, los juguetes y casas de muñecas eran aceptadas socialmente como objetos lúdicos, especialmente en el caso de mujeres adultas quienes los integraban a sus vidas privadas.

Estos vestidos escultóricos son elementos recurrentes en las elaboradas instalaciones de Carrillo, donde influencias resuenandesde los libros religiosos iluminados en miniaturas, los exvotos mejicanos hasta los cuentos de hadas occidentales y la iconografía surrealista. Pero, mas allá de mirar los vestidos como objetos de deseo o de critica al sistema de la moda, en el trabajo de Carrillo el vestido es principalmente una prolongación del cuerpo, una metonimia de la piel. “El Hombre Moderno tiene epidermis en vez de alma” dice James Joice acertando el desplazamiento entre lo invisible a lo visible. El trabajo de Carrillo justamente circunda entre la piel femenina como extensión de su vida psíquica, del erotismo de su superficie y de la epidermis como lugar de dolor y de sensualidad.

Evolucionando de la serie “Vestidos Heridos”- en la cual la artista trato los vestidos miniatura como cuerpos heridos- Carrillo ha desarrollado instalaciones de formato grande como “Reversible”.

Aquí, la artista presenta un dibujo-mural representando el diagrama de su propia vivienda (“el laberinto cotidiano en el que a menudo me pierdo”1). Acompañando al dibujo-mural esta una colcha reversible tejida a mano. Sobre la superficie de la colcha, el mismo diagrama ha sido bordado con hilo negro quirúrgico. El cubre-cama evoca una membrana herida y mal reparada y la poética de lo hecho a mano se perturba por signos de heridas físicas y conmoción emocional.

Si hay algún trabajo en el cual una historia “escondida” es descubierta, es en “Escaparate- Caperuza Reversible”. Para esta instalación, –el re-cuento visual de Caperucita Roja—la artista presenta una caja de Plexiglás conteniendo caperuzas reversibles con enaguas de encaje. Por fuera esta hecha de piel de animal y por dentro forrada con una tela rojo sangre. Observando más detalladamente, las delicadas enaguas presentan sangrientas cortadas. La caja también contiene gavetas con diminutos objetos (un espejo de mano, una trenza de cabello, un diente de coyote y otra caperuza reversible). La instalación y sus obsesivos detalles es el conjuro de un taxidermista. El resultado es un catálogo de fetichismo feminista de horror y humor. Pero el fetichismo aquí es asumido por la artista como una estrategia subversiva en lugar de mal psicológico. En varias ocasiones Carrillo ha enfatizado su interés por explorar la compleja relación y los linderos permeables entre el rol de la victima y del victimario, y como estos roles se intercambian fácilmente(2). En “Escaparate” se presenta un inesperado irónico final en el que Caperucita Roja después de un abrazo mortal desolló y devoro al lobo feroz y vivió feliz para siempre usando su piel. Colorin colorado….

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(1)Intercambio de Correo-e con la artista Junio 2007
(2)Idem

Solo Show
Mari Carmen Carrillo
ArtNexus #67 – Arte en Colombia #113
Dec – Feb 2008
Miami, Florida

Institution:
Signature Art Gallery

The room´s walls and floor were painted white. The dresses hanging from a hook could be seen through the glass. Rosebush thorns emerged from the supposed cloth, which was really papier mâché and plaster, the kind used to immobilize a body after an accident. Some elements appeared protected inside glass urns: shoes, handbags, hoods, and braided hair. Others, like wedding dresses, hung in the air. In her recent exhibition, Mari Carmen Carrillo’s work explored the female will, at once fragile and rigid, in relation to the external world. Through her complex designs made with rose thorns, the Venezuelan artist spoke of human violence, mercilessness, and resistance.

The exhibition «Armadillo» was divided into several stations. In the work Escaparates, one found small paper rolls that simulated encrusted flowers, the sketch of a wedding mattress. Two outfits that referred to the immaculate? matrimonial game hung from a sharp branch. Carefully folded canvases? miniature bedsheets? were seen in an armoire, looking like parchment. A feather penetrated the cloth. What tortuous signature was hidden under the white sheet? The glass had thorny decorative motifs in the background. Could the victim of a curse traverse this amalgam of labyrinthine paths? The handbags with eggs and feathers reminded one of certain domestic impulses associated with witchcraft. A piece of a photograph was lost inside one of the urns. The image documented a simple instant in the midst of the sacred act of conjugal union. Could one talk with any certainty of a possible spell, a magical tie between two damned souls that meet in the practice of witchcraft.

Experts concur that magic or medicine using thorns is often very powerful. In Theban witchcraft, for instance, the ritual of thorn-crowning could disfigure the victim. A thorny tree planted by a witch? can attract mortals who develop feelings of faith and hope. Carrillo, however, works her ritual in a different way. Thorns become a protective layer, a shield for the artist to defend herself against danger or alien influences. At the same time, thorns have allegorical connotations in her work. They refer to weeds that grow in any terrain without cultivation¿the wasteland of T. S. Eliot or the profound withering of Yerma, Federico García Lorca¿s childless woman. Frida Kahlo painted herself wearing a thorn collar to represent the pain of her mutilated, paralyzed body; her back, especially her spine, often appears fractured and covered in nails or arrows that would make it impossible for her to move or breathe. Carrillo, in turn, uses rosebush thorns as a blanket, a defensive weapon, a refuge. Her thorns can grow outwardly or inwardly, toward the interior of the dress, scratching the skin, the carapace, the armadillo’s skin.

Hoods were also placed inside the glass cases, one in front of the other, separated by an invisible line. A few drops of blood stained the dress hidden under the cape. Incisors and molars (from animals or people?) were exhibited without reserve. Perhaps a legend was being recreated, a caustic narrative of the history of humanity. The viewer could open drawers and see her reflection (in horror) in a mirror, touch the pointed molar bones, or caress the blood-red hood. Perhaps, little by little, one could discover one’s essential nature from looking carefully in the mirror; perhaps one would cease to be a human being and become a hungry, sharp-toothed wolf. Then one wouldnot need to imagine where lost, bitten, threatened, and provoked bodies were interred. One could understand the structure of the absent shapes, the thorny dress empty space, and the need to build a model to express dark feelings.

Gauze, wire, plaster, and imaginary bites wove the frightening story that underlay the dresses multiple, scabrous representations. Visual experience was amplified with the story¿s denouement: the girl in the red cape rebelled against the wolf, tore its skin off and covered herself with it. At times, one thought of the possibility of an asylum, where the white of the walls fused with the patients outfit. The insinuation of blood referred to certain extremely painful situations in which modern women often find themselves involved. Over time, the shield of thorns becomes more resistant, but the scar remains forever on the surface.

Solo Show
Mari Carmen Carrillo
ArtNexus #79 – Arte en Colombia #125
Dec – Feb 2011
Caracas, Venezuela

Institution:
Galería G7, Centro Cultural Los Galpones

Located in the Los Galpones Cultural Center, the Galería G-7 exhibited recent work by Mari Carmen Carrillo. Entitled Línea de Corte (Cut on the Dotted Line), the exhibition condenses a conceptual undercurrent that permeates her work. One of the formal protagonists of the exhibition is the work entitled La Línea (The Line).
Consisting of collages, textiles (needlework and embroidery), and three-dimensional pieces (sculptures and assemblies), the exhibition reaffirms the constant thematic on which Carrillo has been working for approximately four years: femininity as a condition of hurt (or hurting); the sociopolitical assessment of women before and after their modern emancipation, and the dichotomy between purity the innocence of childhood and maturity adult life, all realities that are divided by a cut on the dotted line. The diverse readings that can be taken of these works reinforce the notion that any human condition leads to opposing or ambivalent relationships. The candid nature perceived in the pieces is perhaps their most terrible attribute because, from this perspective, the artist bares realities that dismantle the narrative supporting our fragile existence.
The title of the exhibition presents several conceptual points that use the demarcation of limits as reference. To step across lines, to go to the other side, to differentiate between opposites by means of the dotted line are some of the general points proposed in this exhibition. As a consequence, it is only natural that Carrillo resorts to diverse expressive mediums in her creative process. The effort devoted to the creation of cuts and seams is equally as important as the production of sculptures and assemblies. An essential aspect of contemporary art, this integration becomes one of the approaches chosen by this artist. Within this context, textile art acquires a new dimension. The embroidered works take the role of drawings because they also serve to demarcate: as cut on the dotted lines. They are transformed into an expressive medium that is integrated into others that are also employed by the artist. In this way, Carrillo transgresses the mediums  limitations by resorting to various techniques and procedures.
The reactions that the pieces provoke are as central to her work as the formal aspects. The detailed elaboration of dresses, boxes, and collages, for instance, has an extremely profound significance. The artist is not solely communicating the condition of hard-working women living apparently pure lives or innocent girls dedicated to dressing up dolls. Such submission is reverted when the embroidery becomes a scar, when from among the white purities of the materials there appears a red line that demarcates the transition from one state to another. It is precisely here that the thorny elements emerge from those that are soft and beautiful, here that the rose shows its prickly, hurtful, side. This is the moment at which the identity of the work fractures. Happy memories from childhood make their appearance in Desnudos para Armar (Nudes Requiring Some Assembly) but charged with connotations that border on the tragic. The story of Little Red Riding Hood is reverted and innocence turns against itself (thorns inside the hood), in the middle of this deceiving white neutrality. Fashioned of surgical gauze and plaster, these are used to dress a hollow contemporaneity the image of an absence. They also serve as support for a secret narrative, like the page torn from a personal diary. La Procesión va por Dentro (The Procession Occurs Within) bares this submissive and silenced condition prevalent in the times when our mothers and grandmothers grew up until it suddenly lets out a scream due to the thorns pricking from within the clothing.
In the same vein, it becomes possible to visualize two opposing situations once limitations are established. In this relationship of opposites, candor and innocence are set out to confront harsh and corrosive stances that, at times, are expressed with intelligent humor. Thus, hurtful things may become sarcastic. Just as innocence is turned into violence, beauty can easily be transformed into a terrible thing. Reality hurts, and for some, it also blinds. Such is the case that we are even able to observe strands of hair an image that reminds us of Rapunzel locked in the tower covering the eyes of a damsel in the collages, the last of Carrillo´s series. Blindness is the constant element in these pieces. It is utilized as a form of not seeing a hurtful reality: perhaps the submissive and self-absorbed condition of women. On the other hand, incorporating feminine hair as an expressive element does make the work come through as an unquestionable fact. Thus, reality also becomes part of the work.
But this reality does not only embody unquestionable facts. Carrillo additionally resorts to symbolic imageries, such as the Little Red Riding Hood costume, a prototype for an absent candor; the red flower and its ambivalent condition as an amorous or hurtful element; the innocent and at once aggressive game «Desnudos para Armar» in which scissors cuts through paper or fabric to radicalize the cut on the dotted lines even more so. All of these elements result in a dense and evocative imaginary. Carrillo narrates stories, while she also condenses content through images and their symbolic narratives. It is an approach that reminds me of Rainer Maria Rilke, when he wrote in the Duino Elegies that Every angel is terrible.

Susana Benko, ArtNexus #79 – Arte en Colombia #125, Dic – Feb 2011.

 

CONSUMED

«Armadillo» solo show catalog text

By Euridice Arratia.

So many things in an overcoat! – When circumstances and men make it spedk.

H  de Péne

In Mari Carmen Carrillo´s delicately crafted installation “ARMA·rio” three small dresses hang neatly on a clothes rack as if animated by invisible bodies. Made of acrylic gesso painted white, outside and inside each dress is painstakingly

embroidered with rose thorns. To complete the wardrobe the artist has al so fashioned tiny hyper-feminine shoes and handbags. The whole feel ts that of a boutique or of an exquisite boudoir of a dollhouse. But far from child’s play “ARMArio» reveals a psychological complex world where beauty and violence, the domestic and the surreal, the familiar

and the uncanny intertwine. lt also reminds us that before slipping into the realm of childhood toys belonged to the world of adults. Think for example of the Victorian era where toys and dollhouses were socially acceptable playthings especially for grown-up women who integrated them tnto their private lives.

Sculptural dresses are a recurrent element in Carrillo’s elaborated installations, which resonate with influences ranging from the tradition of religious illuminated miniature books, Mexican ex-votos, western fairy tales and surrealist iconography. But beyond looking at clothes as objects of desire or as a pretext to critique the fashion system, in Carrillo’s work the dress is foremost, a prolongation of the body, a metonymy for the human skin. “Modern man has an epidermis rather than a soul,» claimed James Joyce asserting thus a displacement from the invistble to the visible. Carrillo’s work revolves precisely around the female skin as an extension of her psychic life, the eroticism of the surface and the epidemis as the locus of both pain and sensuallty. Evolving from her “Wounded Dresses» serles- Where the artist treated mtniature garbs as lnjured bodies– Carrillo has developed larger scale installatlons such as “Reverslble” . Here the artist has produced a wall drawing depicting a diagram of her own apartment («a quotidian labyrinth In I often loose myself* ). Accompanying the wall drawing there is a hand made reversible quilt. On the surface of the quilt the same diagram has been stitched with black surgical thread. The bed cover invokes thus an injured and badly repaired membrane and the poetics of the handcrafted are disturbed by signs of physical woundlng and emotional turmoil .

If there is a work where a “hidden” story is pushed to the forefront it is in «Escaparate- Caperuza Reversible” (“Display Case-Reversible Hood”). For the installation — a visual re-telling of “little Red Riding Hood»– the artista has devised a Plexiglas case that contains two pint-size reversible hoods with laced petticoats. The outide of the coats is made of animal skin while the inside is covered with a blood-red cloth. At a closer look the delicate petticoats reveal bloody incisions. The Plexiglas case also contanis drawers, each of which displays diminutive elements (a wooden hand mirror. a human braid, coyote teeth, another reversible hood). In all its obsessive detail the installation conjures up the work of a taxidermist. The result is a creepy and humorous catalogue of female fetishism. But here fetishism reclaimed by the artistas a subversive strategy instead of a psychological malaise. In several occasions Carrillo has emphasized her interest in exploring the compIex relationship and porous boundaries between the role of the victim and the victimizer, and ultimately how these roles are easily exchanged . In «‘Escaparate,» in an ironical reversal of the tale, lt is Little Red Riding Hood who after a deadly embrace has devoured and flayed the wolf and now happily ever after wears his fur as her own.